Quienes forman parte de las organizaciones campesinas e indígenas
alrededor del mundo y todos quienes mantienen alguna cercanía y
solidaridad con sus luchas saben que la escasez de tierra y la expulsión
desde el campo son hoy procesos extremadamente agudos. Sin embargo, una
cantidad importante de expertos no dejan de asegurar que la mayor parte
de la tierra sigue en manos campesinas e indígenas.
GRAIN realizó un profundo análisis de la información existente
para darse cuenta de lo que está pasando y el resultado es muy claro:
más del 90% de las y los agricultores del mundo son campesinos e
indígenas, pero controlan menos de un cuarto de la tierra agrícola
mundial . Y con esa poca tierra, la información disponible muestra que
producen la mayor parte de la alimentación de la humanidad. Si
campesinado y pueblos indígenas siguen perdiendo su tierra, estaremos
frente a procesos de exterminio de pueblos y culturas, y el mundo
perderá su capacidad de alimentarse. Necesitamos urgentemente devolver
la tierra a manos de los pueblos del campo, y luchar por procesos de
reforma agraria y restitución territorial que hagan real el derecho a
una vida digna y a existir como pueblos de casi la mitad de la humanidad
y simultáneamente permitan asegurar mejores sistemas alimentarios.
Los gobiernos y las agencias internacionales alardean con frecuencia de que los campesinos y pueblos indígenas controlan la tajada más grande de la tierra agrícola mundial. Cuando el director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), inauguró 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, cantó las loas de los agricultores familiares pero ni una sola vez mencionó la necesidad de una reforma agraria. Por el contrario, anunció que las fincas familiares ya tenían la mayor parte de la tierra agrícola mundial – la increíble cifra de 70% de acuerdo a su equipo.
Los gobiernos y las agencias internacionales alardean con frecuencia de que los campesinos y pueblos indígenas controlan la tajada más grande de la tierra agrícola mundial. Cuando el director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), inauguró 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, cantó las loas de los agricultores familiares pero ni una sola vez mencionó la necesidad de una reforma agraria. Por el contrario, anunció que las fincas familiares ya tenían la mayor parte de la tierra agrícola mundial – la increíble cifra de 70% de acuerdo a su equipo.
Pero una nueva revisión de los datos,
emprendida por GRAIN, revela que lo opuesto es lo cierto. Las fincas
pequeñas, que producen la mayor parte de los alimentos en el mundo, se
hallan apretujadas en menos de una cuarta parte de la tierra agrícola
mundial – o en menos de una quinta parte si deja uno fuera China e
India.
“Con mucha rapidez estamos perdiendo
fincas y campesinos por la concentración de tierra a manos de los ricos y
los poderosos”, dijo Henk Hobbelink, coordinador de GRAIN. “La
abrumadora mayoría de las familias campesinas hoy tienen menos de dos
hectáreas de tierra para cultivar, y la proporción se encoge. Si no
revertimos esta tendencia, el mundo perderá su capacidad para
alimentarse a sí mismo”.
Marina Dos Santos, de la Coordinación del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, y de la Vía Campesina, dice: “En el mundo el campesinado es criminalizado, judicializado y hasta desaparecido cuando se trata de la lucha por la tierra. Actualmente hay cifras alarmantes de muertes que quedan en la impunidad. Es preocupante cómo desde los Estados se han creado figuras jurídicas como el terrorismo y el sabotaje para amedrentar esta lucha. Cotidianamente estamos expuestos a la sistemática expulsión de la tierra, que alcanza indistintamente no sólo a las y los campesinos que luchan por conquistar la tierra, sino también a todo tipo de pequeños agricultores y pueblos originarios. Hoy el campesinado y los bienes naturales son el blanco de la codicia de los intereses extranjeros. Queremos la tierra para vivir, la tierra para producir, esos son nuestros derechos básicos frente al acaparamiento en manos de corporaciones que sólo buscan la especulación y el lucro”.
“La gente necesita entender que si continúa el actual proceso de concentración de la tierra, entonces no importa qué tan trabajadores, eficientes y productivos sean, los campesinos simplemente no podrán continuar existiendo", dijo Camila Montecinos, de GRAIN. “La concentración de la tierra agrícola en menos y menos manos está directamente relacionada con el creciente número de personas que padecen hambre cotidianamente”.
Marina Dos Santos, de la Coordinación del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, y de la Vía Campesina, dice: “En el mundo el campesinado es criminalizado, judicializado y hasta desaparecido cuando se trata de la lucha por la tierra. Actualmente hay cifras alarmantes de muertes que quedan en la impunidad. Es preocupante cómo desde los Estados se han creado figuras jurídicas como el terrorismo y el sabotaje para amedrentar esta lucha. Cotidianamente estamos expuestos a la sistemática expulsión de la tierra, que alcanza indistintamente no sólo a las y los campesinos que luchan por conquistar la tierra, sino también a todo tipo de pequeños agricultores y pueblos originarios. Hoy el campesinado y los bienes naturales son el blanco de la codicia de los intereses extranjeros. Queremos la tierra para vivir, la tierra para producir, esos son nuestros derechos básicos frente al acaparamiento en manos de corporaciones que sólo buscan la especulación y el lucro”.
“La gente necesita entender que si continúa el actual proceso de concentración de la tierra, entonces no importa qué tan trabajadores, eficientes y productivos sean, los campesinos simplemente no podrán continuar existiendo", dijo Camila Montecinos, de GRAIN. “La concentración de la tierra agrícola en menos y menos manos está directamente relacionada con el creciente número de personas que padecen hambre cotidianamente”.
El informe de GRAIN también proporciona
nuevos datos que muestran que el campesinado todavía sigue
proporcionando la mayor parte de los alimentos del mundo. Los datos
también muestran que son, con frecuencia, mucho más productivos que las
enormes fincas corporativas. Si todas las fincas de Kenya igualaran los
rendimientos de sus fincas pequeñas, la producción agrícola de la nación
se duplicaría. En Centroamérica casi se triplicaría. Son las mujeres
las principales productoras de alimentos, pero su papel continúa
marginado y sin registro.
Las agencias internacionales siguen
diciendo que necesitamos producir más comida de modo que podamos
alimentar a la creciente población. Pero mucha más comida podría
producirse casi de inmediato si las y los campesinos tuvieran acceso a
más tierra y pudieran trabajar en un ambiente de políticas públicas que
propiciara su labor, en vez de las condiciones de estado de sitio que
enfrentan hoy.
“La vasta mayoría de las fincas en
Zimbabwe le pertenece a los campesinos y el promedio de tales fincas es
resultado de un programa expedito de reforma agraria. Los campesinos del
país producen ahora más del 90% de los diversos cultivos alimentarios,
mientras que antes de la redistribución de la tierra producían tan sólo
entre 60 y 70%. Más mujeres poseen tierra por derecho propio, lo que es
clave para la soberanía alimentaria en cualquier parte”, dijo Elizabeth
Mpofu, coordinadora general de La Vía Campesina.
Necesitamos urgentemente regresarle la
tierra a los campesinos e impulsar una genuina reforma agraria integral
como centro de la lucha en pos de mejores sistemas alimentarios. Esto es
algo por lo que han pugnado por mucho tiempo ya las organizaciones
campesinas y los movimientos de pueblos sin tierra.
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